jueves, 28 de mayo de 2009

EL FÚTBOL QUE LE GUSTA A LA GENTE


Con su esplendorosa demostración de fútbol del miércoles 27 de mayo, demoliendo 2 a 0 a un Manchester United que (con respeto) parecía Yupanqui, el Barcelona dejó bien claro cuál es “el fútbol que le gusta a la gente”.
La frase, puesta en duda y blandida como chicana por los profetas del antifútbol, empezó a tomar forma en la Argentina en la década del ’60, para esparcirse luego en otros ámbitos.
La vieja discusión sigue vigente: ¿Jugar lindo es jugar bien? ¿Es más importante ganar que jugar bien?
Los adalides del resultadismo (eje principal del antifútbol, ganar sea como fuere), sostienen que lo único importante en el fútbol es el triunfo, aunque deba sacrificarse la belleza.
No me parece mal volver sobre este tema
Cuento con alguna ventaja en esta materia
Contrariamente a muchos opinólogos de tablón, de café, o periodistas, que sólo se ponen pantalones cortos cuando van a la playa, jugué muchos años al fútbol y en campeonatos bastante bravos.
No necesito que nadie me cuente por cable o por radio cómo es un vestuario, o me explique internas en un equipo o la influencia de los directores técnicos.
Tuve un entrenador que recordaré para siempre, otro relativamente bueno y el resto fue, decididamente, un conglomerado de ineptos.
Cuando un entrenador entiende que todos los que jugamos al fútbol lo hacemos porque queremos tratar bien la pelota, tirar un caño o una pared, o un cambio de frente de cuarenta metros, ese tipo entendió todo. Y cuando sabe transmitirlo, el jugador le cree; y se lo agradece, además, porque siente que no insulta su inteligencia.
Josep Guardiola, el técnico del Barcelona, tiene un plantel fenomenal. Desconozco si él será un fenómeno, pero sí estoy seguro que es un tipo sensato y sencillo.
Con jugadores como Xavi, Iniesta, Messi, Henry y el resto, por lo único que hay que preocuparse es por hacer circular la pelota, hasta terminar desmoronando al rival.
Jugar lindo es jugar bien. Y cuando se juega bien, generalmente se gana. Y la gente se entusiasma. Y los medios hablan del equipo. Y los jugadores gozan con lo que hacen, porque sienten que, en el maravilloso deporte que practican, pueden vivirse momentos sublimes.
Como el cabezazo de Messi (Recuerdo un siniestro entrenador que sostenía que los petisos no pueden jugar al fútbol), o el sablazo de Iniesta que llevó al Barsa a esta final.
El Barcelona demostró que “el fútbol que le gusta a la gente” es el mismo que nos gusta a todos nosotros. Al menos, a los que tratamos de apreciar esa sutileza artística que puede alcanzar cuando se “juega” y no se “pelea”.
En el fútbol, como en la literatura, la música o el cine, uno elige. Puede leer a Roberto Arlt o a Paulo Coelho; escuchar a Pink Floyd o a Julio Iglesias; ver “Rambo 26” o “Cinema Paradiso”.
Es una cuestión de paladar.
A mí me gusta el fútbol que le gusta a la gente.
Detesto los pizarrones, odio los videos y deploro los bidones con agua podrida.
Puesto a entrenador, no perdería energías vigilando las habitaciones de la concentración por las noches, sino en convencer a mis jugadores que lo mejor que les puede ocurrir es hacer circular la pelota. Tratarla bien, salir jugando desde atrás, agruparse y tirar un centro sólo cuando sea un pase de gol. Como el de Xavi a Messi, en el segundo del Barsa que definió el pelito.
Celebro que este gran equipo español se consagre en el preciso momento en que, en la Argentina, predomina una oleada de buen gusto futbolístico.
El campeonato lo pelean tres equipos que no rifan la pelota ni a palos: Lanús, Vélez y Huracán. Seguidos de cerca por Colón. Y con un equipo en mitad de tabla, Godoy Cruz, que se va a quedar en primera sin renunciar a lo esencial en este deporte: jugar lindo.
O sea, jugar bien. La belleza va de la mano con el talento. Y el talento se lleva bien, a veces, sólo a veces, con el éxito. Ésta es una de esas veces.
Eso sí: la belleza y el talento se disfrutan siempre, aun cuando el éxito les haga un regate.
Mientras tanto, los poderosos Boca Juniors y River Plate se caen a pedazos.
Los xeneixes, eliminados por un modesto equipo uruguayo de los cuartos de final de la Copa Libertadores, sin chances en el campeonato local y con el único objetivo de no terminar últimos, como su archirrival en el campeonato anterior, presionan a Carlos Bianchi, que desea seguir siendo manager, para que asuma ya como DT.
La situación de River es tan o más complicada que la de sus “primos”: eliminado de la Libertadores en primera ronda, sin chances locales, sus hinchas apostaron las ilusiones primero a un obeso delantero con más habilidad en las discotecas que en el área, y luego al retorno de un antiguo ídolo, que cerrará su ciclo seguramente mucho antes de lo que todos esperan.
Ni Boca ni River s cultivan “el fútbol que le gusta a la gente”.
Tampoco ninguno de los otros tres grandes, de los que se puede detectar su paladar futbolístico a partir de los entrenadores que están en el cargo.
San Lorenzo está dirigido por Diego “Cholo” Simeone, Racing por Ricardo Caruso Lombardi e Independiente por Américo Rubén Gallego.
Todo dicho.
De modo que los profetas del antifútbol, deberán exiliarse por un tiempo, buscar nuevos horizontes y tratar de embaucar con sus mentiras a otros ingenuos.
Hoy, es el momento del fútbol que le gusta a la gente.
El que practican los que juegan lindo, que son los que juegan bien, y que –a veces, por fortuna- silencian a los que pretenden denigrar la estética del deporte más hermoso del mundo.

miércoles, 27 de mayo de 2009

ALGO HUELE MAL


Las candidaturas testimoniales quedaron ya a la altura de porotos, con las perlitas que, en los últimos días, decoran el escenario preelectoral.
Boletas truchas con intenciones claras de confundir a los votantes, candidatos habilitados para el oficialismo y otros impugnados para la oposición, sospechas de fraude, mails atemorizantes que circulan por Internet y los corcoveos políticos del kirchnerismo que, por primera vez, está dando señales claras de desorientación.
El principal aliado continental del matrimonio patagónico, Hugo Chávez, metió a los K en un brete de proporciones, al nacionalizar una de las empresas del grupo Techint sin –aparentemente- dar aviso previo a la Casa Rosada, a Olivos, o a El Calafate.
Una semana antes de tomar la decisión, el militar venezolano estuvo en amistoso paseo por nuestras tierras. Lo que incluyó veladas familiares en la Patagonia. Sugestivamente, no habría mencionado el tema a sus anfitriones. .
Para colmo, un micrófono indiscreto rescató el momento en que Chávez le anticipaba informalmente al presidente brasileño, Lula Da Silva, una inminente ola de nacionalización de empresas extranjeras, que excluiría a las de la tierra de Pelé.
Chávez se declara amigo de los Kirchner. En política, la amistad tiene curiosas o inexplicables variaciones.
Dicen que la presidenta se encolerizó y, vía telefónica, pidió una desmentida oficial a su amigo venezolano.
Apenas consiguió un comunicado de compromiso, y bien lavado, de la cancillería bolivariana, en el que se adjudicó el incidente a una pequeña broma. De paso, cañazo. En el mismo comunicado, se acusó a una parte de la prensa argentina de azuzar sospechas en torno de las políticas de Chávez.
Se ha dicho más de una vez en este espacio que la prensa argentina es intolerablemente intrusiva. No contenta con molestar al matrimonio presidencial, ahora se inmiscuye en países vecinos.
Como por acto reflejo, los industriales argentinos salieron al cruce exigiendo seguridades para que la Argentina no imite el modelo chavista.
El centro quedó en el medio del área, sólo había que saltar a cabecear y convertir el gol.
Parte de la oposición reveló que el peligro estribaba en que ésa fuese “la profundización del modelo” con la que tanto blande el parche Kirchner.
Las asociaciones periodísticas no se quedaron atrás. y exigieron garantías para la libre expresión (y sobre todo, la libre comercialización) de los medios, temiendo que pudiese ocurrir lo mismo que en Venezuela: medio que critica, medio que cierra.
Todo muy turbio.
Demasiado turbio.
Mientras tanto, el Ministro de Justicia y Seguridad, Aníbal Fernández, se despachó a gusto por una radio (seguramente sostenida económicamente por el kirchnerismo) contra la candidata opositora Claudia Rucci, con su habitual e inflamada verborragia. Que muchas veces bordea el mal gusto y otras, directamente, el ridículo. En este caso, combinó los dos matices.
El mismo día, en otra emisora (está sí, sin ninguna duda, un bastión K), en el programa de la mañana, Luis D’Elía, como columnista, le realizó un reportaje telefónico al escrachado diputado oficialista Agustín Rossi. Imaginarán el nivel intelectual y la agudeza periodística que pudieron gozar los oyentes.
No quiero dar ideas, pero mucho me temo que estemos ante la inminencia de un “Aló, Luis”, aunque más no sea por el período que resta de campaña electoral.
En la oposición, las cosas no están mejor. Felipe Solá admite públicamente que le disgusta el sesgo que le da a la campaña Francisco De Narváez. Curiosamente, su compañero de lista.
Para mayor curiosidad, en el spot televisivo de ese mosaico políticamente indigerible que es el ProPeronismo, hablan De Narváez, Gabriela Michetti (candidata a diputada por Capital Federal) y Mauricio Macri, que no es candidato, sino jefe de gobierno porteño.
Visto desde allí, Solá tiene algún motivo para quejarse.
En el Acuerdo Cívico y Social las cosas no están mejor, sobre todo en la provincia de Buenos Aires. Algunos ni conocen la cara (mucho menos la plataforma electoral) de Margarita Stolbizer (cabeza de lista), y Ricardo Alfonsín (el más mediático) aparece poco y nada en los medios.
Eso sí, Elisa Carrió despacha sus predicciones apocalípticas por doquier. Aunque ella es candidata a diputada por la Capital Federal y ocupa el tercer lugar en la lista, habla por ella y por todos los candidatos de las restantes circunscripciones.
El panorama está complicado. Y se va a complicar más, si prospera el recurso presentado por un grupo de prestigiosos juristas, que ratificaron lo que se presumía: las candidaturas “testimoniales” son un fraude moral y, además, inconstitucionales, según explicaron en rueda de prensa.
Todo esto en medio de una semana en la que volvió el frío a Buenos Aires.
El frío y un penetrante mal olor.

lunes, 25 de mayo de 2009

TÁCTICA Y ESTRATEGIA


A comienzos de los ’90 trabajaba en el matutino El Cronista, como editor de la sección Arte y Espectáculos. Era habitual que me llamaran de distintas producciones para pautar notas o confirmar entrevistas.
Lo inhabitual sucedió el día que recibí un llamado para invitarme, al día siguiente, a la jornada final del rodaje nada común de una película argentina. A medida que la asistente del director me pasaba los datos, mi mundo comenzó a dar vueltas. Recuerdo que la cita fue a las once, en el viejo cabaret “El dragón rojo”, en San José casi llegando a Avenida de Mayo, que por ese entonces sólo habitaban sus propios fantasmas.
Con el fotógrafo llegamos puntuales. Bajamos las legendarias escaleras hacia el bullicio que llegaba desde el set que, por unas inolvidables horas, reanimaría el espíritu del legendario lugar, haciendo brotar la sonrisa de los fantasmas.
Él estaba acodado en la barra, con un traje azul de marinero, copa en mano, recitando poemas en alemán a una de las chicas del lugar. Observé en silencio los ensayos y las tomas sin dejar de conmoverme por ese hombre bajito y simpático que, con mansedumbre, acataba las respetuosas directivas de Eliseo Subiela, que estaba poniéndole el moño a una de sus mejores películas: “El lado oscuro del corazón”.
Hubo aplausos y euforia de todo el equipo cuando finalizó la escena, la última del rodaje. Él compartía la alegría y estoy seguro que captaba la devoción que su figura despertaba entre nosotros.
Cuando estuve sentado frente a él, grabador de por medio, vino a mi mente mi propia película: los poemas aprendidos para intercalar alguna frase en medio del amor, o a la salida de la escuela, cuando alguna estrofa garabateada en un papel acompañaba rosas robada en casas que, por ese entonces, no tenían rejas.
Nunca fue plagio ni impostura, maestro. Siempre aclaré que esos versos eran suyos.
¡Cuánta vida le había dado este hombre a mi adolescencia y a mi juventud! Después, cuando la adultez trajo tormentas existenciales, naufragios personales y desolaciones amorosas, me refugié en sus versos para renacer fortalecido. Mi preferido era éste:

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

Tenía razón, maestro, ésta es la única “Táctica y estrategia” que vale el esfuerzo planificar.
Pero no se lo iba a decir ahí, en una charla en la que debíamos hablar de la película. Aunque, claro, fiel a salirme siempre del libreto y argentino al fin, la noche anterior había manoteado de la biblioteca a las apuradas uno de sus libros y una vez apagado el grabador se lo extendí para que lo firmara.
Mi respiración se entrecortó cuando percibí el enrojecimiento de su rostro, la cólera apenas disimulada en sus ojos bondadosos y en la voz ligeramente más alta que lo habitual.
-¡Pero este libro es una edición pirata hecha en México!
¡Linda la había hecho! Encima, tomé el libro que era de mi mujer. Me gusta hacer macanas a lo grande.
-Igual, te lo voy a firmar…
Respiré, mientras él, repuesto del incidente, volvió a sonreír. Compartí un café a las apuradas junto al centro de todas las miradas, Subiela y el equipo. Lamenté tanto tener que salir a las apuradas para la redacción. Tenía que escribir lo que al día siguiente sería la tapa del Suplemento, ilustrada por la foto del poeta marinero. Agradecí la invitación al almuerzo-festejo en el que tanto me hubiera gustado estar.
No importa.
Me quedó este recuerdo. Y el trato que hice con mi esposa: el libro seguirá siendo suyo de por vida y la primera página autografiada, mía. También de por vida.
Ella fue franca y yo también. No nos vendimos simulacros y nos gusta que no haya telones ni abismos entre nosotros.
A veces, maestro, creo que ella por fin me necesita.

miércoles, 13 de mayo de 2009

ESTAMOS EN PROBLEMAS


Desde el lunes pasado por la noche, el gran tema de conversación en la Argentina es “Gran Cuñado”, la sátira del reality show con políticos que conduce Marcelo Tinelli, como parte de su programa “ShowMatch”.
Programas de chimentos y otros que presumen de serios, en radio y televisión, continúan analizando el impacto que podrían tener en la opinión pública las imitaciones del grupo de humoristas del hombre de Bolívar.
Con un humor de trazo grueso, ramplón y escasamente ingenioso, el ciclo se convirtió en la esperanza de muchos candidatos, que ven en la sátira de sus figuras una posibilidad para convocar votantes. Confían más en el ingenio de guionistas televisivos que en sus propias capacidades. Con una aclaración: ninguno de los escribas es César Bruto o Santiago Varela, y Tinelli está a años luz de Tato Bores.
Comentan que Julio Cobos está muy enojado por el carácter errático y la indecisión permanente de su personaje en tevé. Que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner quedó conforme con el tratamiento que le dieron a su figura. Señal inequívoca del tremendo poder mediático del hincha más famoso que tiene San Lorenzo.
Hay quienes sostienen que tamaño interés tiene su origen cuando, en ediciones anteriores del ciclo, el humor social por las caricaturas habría determinado, por ejemplo, el triunfo de Mauricio Macri en las elecciones para la Jefatura de Gobierno de Buenos Aires.
Si esto fuese así, estamos en problemas.
La alianza entre la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica llevó a la justicia el tema de las candidaturas testimoniales. No sería sorpresa que la Justicia Federal de La Plata (donde se presentó la denuncia) se lavara las manos.
Uno de los candidatos “testimoniales” del oficialismo es Daniel Scioli, gobernador de la Provincia de Buenos Aires, con sede política en esa ciudad.
El camino probable es la Suprema Corte de Justicia, que ya demostró su “independencia” cuando, en consonancia tácita con el pensamiento del Ministro de Justicia, Aníbal Fernández, y el Copresidente, Néstor Kirchner, dos de sus miembros (Carmen Argibay y Eugenio Zaffaroni) opinaron que, artículos más, incisos menos, la inseguridad está amplificada por los medios periodísticos.
Si la Justicia no es independiente, estamos en problemas.
Una parte de la sociedad, entre la que se encuentran algunos amigos, optó por un curioso método de razonamiento ante las elecciones del 28 de junio: piensan votar no por convicción ideológica, sino contra el supuesto “enemigo” que se agazapa en la oposición, que se ensaña con destruir el proyecto revolucionario de los Kirchner.
Veo y escucho a gente que considero inteligente hablar como si Néstor fuera Fidel Castro y Cristina, Rosa Luxemburgo. Entre la sorpresa y la pena, me preocupa que estén convencidos sobre el supuesto progresismo de un gobierno atestado por denuncias de corrupción prolijamente adormecidas en los tribunales, y peligrosamente volcado a métodos autoritarios y antidemocráticos para “imponer” sus ideas.
Si a los que pueden pensar se les sulfató el chip, estamos en problemas.

Como en los denostados ’90, algunos integrantes de la farándula ocupan lugar en las listas del oficialismo. Clotilde Acosta es la muestra más concreta. Clotilde que no es Nacha, y Acosta que no es Guevera, ostenta como experiencia política un difuso pasado de militante y el haber protagonizado hace muy poco “Evita, el gran musical argentino”.
No quisiera pensar que, alguna mente afiebrada, imaginó la posibilidad de una suerte de fantasía colectica transitiva, a través de la cual sufragar por Clotilde Acosta equivaldría, en el inconsciente de varios votantes, a hacerlo por la primera esposa del General Juan Domingo Perón.
Me cuesta pensar en tamaña estulticia. De un lado y del otro del mostrador. O sea: de quienes venden y de quienes compran.
Suerte que, para equilibrar las listas, están los referentes de la “nueva política”. Aunque se parecen bastante a los diputados, intendentes y sindicalistas que en las últimas décadas promovieron las trenzas más repugnantes y los acuerdos más sospechosos, que dejaron zona liberada para la más rancia corrupción.
Si esto fuese así (aunque me niego a pensar en tamaño retroceso), estamos en problemas.
El vocablo de moda impuesto en estos tiempos por los políticos (verdaderos terroristas del idioma) es “destituyente”. Con él se adjetiva la versión que, por lo menos desde febrero de este año, asegura que un fuerte revés del oficialismo en las elecciones legislativas de junio, desencadenaría la renuncia de la Presidenta, la asunción del Vicepresidente y una transición “ordenada” (dicen) hasta 2011. Lo que no dicen es que esa versión se originó en el ámbito legislativo; en el Congreso, concretamente. Por una vez, el periodismo parece estar fuera de toda sospecha “destituyente”.
Supongo que en esta versión poco y nada tiene que ver aquél trascendido que circuló hace más de un año, cuando en plena crisis con el campo, y luego del voto “no positivo” de Cobos, los Kirchner amenazaron con tirarle el gobierno por la cabeza a quienes, según ellos, “habían ganado”.
Si cualquiera de estas dos versiones fuese cierta, estamos en problemas.
En serios problemas.

jueves, 30 de abril de 2009

LA HISTORIA VUELVE A REPETIRSE


Cuando en 1993, el grupo argentino Divididos editó su tercer trabajo discográfico, es probable que Ricardo Mollo y sus compañeros no imaginaran que 16 años más tarde el título del álbum y una de sus canciones, llegarían a pintar la realidad tan absurda como evitable que sobrevuela nuestros días.
Divididos no se pone ninguna camiseta política, ni compone canciones para ganarse un lugar en algún festival en Plaza de Mayo.
Sus integrantes tienen un par de cualidades poco comunes entre los artistas e intelectuales argentinos: son talentosos e inteligentes.
Precisamente por ello, no participan de polémicas fatuas ni se prestan para fotos cholulas promovidas por el poder.
En un momento en que psicóticos perversos intentan, sin éxito, recurrir al temor para captar votos, ignorando las pestes que les estallan en las narices, es recomendable un balsámico baño de arte anticipatorio.
A continuación, va la letra de “Salir a asustar” una canción incluida en el álbum “La era de la boludez”. Repito: trabajo editado en 1993.

Salir a asustar te protege más,
en esta la era de la boludez.
Beso y cachetazo, ¿qué es real?
Tata dios sin mate, mochila genital
¡Galopera! ¡Paranoia!
¡Cleptocracia!
¡Grita el argentino!
Salir a asustar te protege más,
en esta la era de la boludez.
Risa de canasto sin infancia esta
carpa pasajera, la esperanza va.
¡Galopera!...


O Divididos ve mucho más allá que el común de los artistas o, decididamente, vamos para atrás.

NO DEJEN QUE EXPLOTE


El Copresidente de facto, Néstor Kirchner, visionario y previsor, ya lo anunció: si el gobierno pierde las elecciones legislativas del 28 de junio, “la Argentina explota”. Aunque, si me permite, don Néstor, gramaticalmente correspondería haber dicho “explotará”, ya que usted se refiere a un hecho futuro.
Restaría saber qué ganaría la Argentina si el partido oficialista logra imponerse en los comicios.
La respuesta inmediata de un disciplinado soldado K sería: “La continuidad del modelo”.
Los contreras de siempre apuntan: para que haya continuidad de algo, debería existir ese algo. ¿Cuál es el modelo kirchnerista? ¿Esta mamarrachesca acumulación de improvisaciones de todo tipo se puede, o se debe, llamar “modelo”?
Comentarios interesados de opositores “de derecha”, (en los que no creo, naturalmente) adjudican esta apocalíptica premonición a dos posibilidades: O Néstor I está sumamente desesperado porque los sondeos lo dan en descenso directo (no llega ni a la Promoción), o toma a la mayoría de los argentinos por imbéciles.
Los opositores sostienen: de “nosotros o el caos”, pasamos a “volvemos al 2001”. ¿Cuál será le temible plaga siguiente?, se preguntan.
Sin entrar en tremendismos ni disloques partidarios, podríamos arriesgar algunas hipótesis, en virtud de la prolijidad, los progresos y la efectividad que el emperador patagónico viene demostrando en sus dos gobiernos.
Seguramente, si el kirchnerismo no gana las elecciones legislativas, podrían desatarse algunas de estas calamidades:
• La situación sanitaria del país quedaría tan descuidada, que podría declararse una epidemia de dengue.
• Fuera de sus casillas por el resultado electoral, nadie podría asegurar que caracteres templados como el del “intelectual” Luis D’Elía no se vieran tentados al desborde violento durante los festejos opositores.
• La seguridad, tan celosamente custodiada por la monarquía K y el sobrio y circunspecto ministro Aníbal Fernández, podría sufrir tal colapso, que los argentinos llegaríamos a tener miedo hasta de salir a la calle. Robos, asesinatos y violaciones, serían moneda corriente.
• La libertad de prensa podría verse seriamente amenazada. Nadie estaría en condiciones de asegurar que, por citar un ejemplo, el periodista Nelson Castro pudiera mantener su programa en Radio Del Plata sin que se viera acechado por la intolerancia de los ganadores (todos “de derecha”, según el oficialismo) y su ciclo fuese levantado sin más.
• Presa de un incontenible ataque de furia, la Copresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, podría abandonar su estilo austero y de bajo perfil, y reemplazar su vestuario comprado en Falabella y sus carteras adquiridas en la Recova de Once por costosos modelos exclusivos y marroquinería de origen galo, con los consiguientes perjuicios económicos para las arcas de la República.
• La onda expansiva de la potencial explosión de la Argentina afectaría la frágil y cambiante estructura psicológica de la joven hija de los Kirchner, Florencia, quien se vería tentada de solicitarle a sus padres (a los que nunca pidió nada, respetando la austeridad que ambos impusieron a sus gobiernos) un deseo añejo y, hasta ahora, reprimido: un Mini Cooper, el coche pequeño más caro del mundo. La joven (a la que ya obligaron a cerrar su inocente fotolog) podría sentir que la ingratitud de la mayoría del pueblo argentino no merece su sacrificio de merodear por Libertador, Recoleta y afines, a bordo de un Gol base (sin estéreo ni aire acondicionado), comprado a través del Plan Canje para Automóviles, puesto en marcha por el gobierno a principios de 2009.
• Florencia aprovecharía la ocasión también para que sus padres la llevaran a conocer el mundo. Ya no tendría sentido cuidar la imagen y viajar solamente de Buenos Aires a Santa Cruz y viceversa. Si sus progenitores se quedaran sin trabajo en 2011, ¿cómo afrontarían económicamente sus necesidades turísticas?
• La tambaleante estructura económica de las Obras Sociales, obligaría a los “Gordos” a solicitar un anticipo a cuenta para sostenerlas, antes que las hordas opositoras se apoderen del Congreso y comiencen a trabar partidas. Es probable que caciques sindicales como Hugo Moyano u Omar Viviani, aprovechen, además, para comenzar con los trámites para el Seguro de Desempleo, ante la severa probabilidad que pudiesen perder sus trabajos y su economía familiar se viera seriamente resentida en el futuro.
• El grave riesgo económico que entrañaría una derrota del oficialismo en junio, podría desembocar en la renuncia del Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Su carácter conciliador para tratar con empresarios díscolos, y su sereno análisis del mercado permitieron frenar la inflación en la Argentina y dotar al Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) de una confiabilidad que no reconoce antecedentes en la historia vernácula.
• La manifiesta vocación antidemocrática y el carácter autoritario de la oposición hace sospechar que para futuras elecciones podría prosperar un proyecto mantenido en secreto hasta el momento. Se trataría de armar futuras listas para los comicios de 2011, en las que los titulares serían personajes públicos o políticos, que encabezarían boletas pero luego no asumirían. Esta aberración manifiestamente inconstitucional llevaría por nombre “listas testimoniales”.

Con semejantes amenazas a la vista, yo no dudaría en votar a los Kirchner.
¿O alguien desea ver cómo la Argentina vuela en pedazos?
Pero soy escritor.
Y, como tal, suelo contradecir a la mayoría y vivo a contracorriente.
Ya lo decidí: no votaré al oficialismo.
Llegado el momento, emitiré mi voto "no positivo", y gracias a la bonanza económica y el crecimiento de mi estado patrimonial en la era K, en caso que se produzca el estallido partiré hacia Cancún o las Islas Fiji, para atenuar las consecuencias del cimbronazo.
Si la fiebre porcina recomienda que no suba al avión, ya no es culpa de nuestro sacrificado matrimonio presidencial, al que en lugar de imitar en su proceder, prefieren tomar para la chacota en la mayoría de los países.
Así les va.

martes, 28 de abril de 2009

LA CULPA ES DE LOS MEDIOS


Todo tiene un límite.
Aunque a veces parece que no.
La exasperada puesta en escena del copresidente de facto Néstor Kirchner pronosticando que, si el Frente para la Victoria pierde los comicios del 28 de junio, “el caos de 2001 volverá a instalarse en la Argentina”, es una apelación tan desesperada como ridícula.
Otra vez “nosotros o el caos”.
La misma pregunta: entonces, ¿el kirchnerismo es el orden?
Palos para la oposición, supuestos logros de su gobierno y el de su mujer (¿no son la misma cosa?), condena retórica al neoliberalismo que, según Kirchner, volverá a reinar en la Argentina en caso de una derrota oficialista, formaron parte del neurótico discurso de Néstor I.
Con lo cual debemos inferir que, en estos momentos, nuestro país florece en medio de una economía socialista, en la que impera una equitativa distribución de la riqueza, una excelsa atención para la salud pública y un impecable panorama de alfabetización.
Seguramente por maldad, los medios periodísticos, que ya sabemos que distorsionan todo logro kirchnerista por simple antipatía con la monarquía patagónica, ubican la epidemia de dengue dentro y no fuera de las fronteras de la Argentina, dan cuenta de una deserción escolar que no es tal y en el interior no muere gente por desnutrición, sino por simple vejez.
Esos mismos medios hablan de una estafa moral, que consiste en armar listas oficialistas para el 28 de junio, encabezadas por candidatos que no van a asumir.
Con toda la inquina que son capaces de acumular, lanzaron la versión que la cantante y actriz Nacha Guevara habría aceptado sumarse a las listas vergonzantes (eufemísticamente llamadas “testimoniales”), no para cantar sino para disputar una banca en el Congreso. Donde a lo mejor decide ir (con los “testimoniales” nunca se sabe), aunque quizá tan sólo para representar en la Cámara Baja “Eva, el gran musical argentino”, en el que demostró que sí tiene aptitudes artísticas. Sus potenciales atributos políticos son una incógnita.
Kirchner, tan crítico del ex presidente Carlos Menem (que “farandulizó” la política argentina en los ’90), ahora lo remeda impúdicamente.
Entre Ricky Maravilla y Nacha Guevara hay diferencias en cuanto a estilos y calidades musicales. Políticamente, los dos ostentan el mismo grado de improvisación. Entonces podría pensarse, siguiendo la lógica kirchnerista (para lo cual es necesario hacer un gran esfuerzo intelectual) que antes del resultado del 28 de junio y pase lo que pase, Kirchner retrotrajo la política argentina al mamarracho noventista que dice criticar.
No es todo.
Harta ver la propaganda proselitista del actual Jefe de Gabinete, Sergio Massa. En el spot, extenso y por ende muy costoso, el hombre de Tigre intenta persuadir al espectador que en su municipio se vive mejor que en Berna.
Es tal la limpieza de los hospitales, la magnificencia de los campos de deportes, el cuidado de la salud pública, el estado impecable de las escuelas, que no me explico cómo desde Capital Federal y distintas ciudades del Conurbano bonaerense no se produce un éxodo masivo hacia la República de Tigre.
Pero hay algo que no queda claro. La exaltación de la figura de Massa, ¿hacia dónde apunta? ¿A sus logros como intendente de Tigre, aunque se encuentra de licencia para poder desempeñarse como Jefe de Gabinete? ¿A su futura presentación en la lista “testimonial” junto con Kirchner y Nacha Guevara, donde tampoco asumirá como legislador en caso de ganar, ya que es ministro en ejercicio? ¿O pensará renunciar a la jefatura de Gabinete y transitar por el Parlamento?
Difícil que el chancho chifle, solía decir el paisano. Aunque claro, la evocación campestre tal vez irrite aun más a la huestes K.
El inefable diputado del FPV y ex piquetero Edgardo Depetri sumó su excelsa luz intelectual al tema de la candidatura de Nacha y afines: “Si sirve para sumar, está bien”, resumió. El fin justifica los medios, en definitiva.
La noción que tiene el kirchnerismo de la democracia es, cuanto menos, difusa.
No recuerdo quién, dentro del elenco oficial, definió a Luis D’Elía como “un gran intelectual”.
Convendría presentárselo al filósofo español Fernando Savater, quien anda de visita por Buenos Aires para la Feria del Libro, así el ibérico puede llevarse una cabal y directa impresión de la inteligencia vernácula.
Seguramente, la persecución mediática a la intelectualidad kirchenerista fraguó, hace casi un año, imágenes de un personaje muy parecido al profesor piquetero golpeando cobardemente por la espalda a un jubilado indefenso, que osó manifestarse en contra del pensamiento iluminado.
El mismo personaje fraguado (muy bien fraguado; tanto que parecía el mismísimo D’Elía) que un rato después hacía una patoteril entrada en la Plaza de Mayo, atestada de manifestantes anti K, “para recuperarla para el pueblo”.
Algo habría que hacer.
En esto de inventar y manipular información, los medios de prensa no tienen límites.